Lula, el caballo de fondeo en la recta final de un Brasil partido
Por Alan Vargas para Samantha Radio Online desde Santo Domingo Oeste y para el mundo
El periodista Nelson Encarnación, con la elegancia de los que vivieron el viejo Hipódromo Perla Antillana, rescata una figura que los hípicos conocen bien: el caballo de fondeo. Aquel que en la arrancada parece perdido, rezagado, sin posibilidades de alcanzar al pelotón que va delante, pero que con resistencia, con fondo, termina dejando atrás a todos en la recta final.
Así define a Luiz Inácio Lula da Silva. Y la metáfora es impecable.
Lula nunca corrió por el carril de adentro. Como dice Encarnación, siempre le tocó el carril de afuera, el más difícil. El que, al doblar la famosa «curvita de la Paraguay» que narraba con maestría Simón Alfonso Pemberton, te hace perder metros vitales. Lula corrió por fuera cuando era un obrero sindical perseguido por la dictadura, corrió por fuera cuando perdió tres elecciones presidenciales consecutivas, corrió por fuera cuando estuvo 580 días preso. Y siempre cruzó la meta.
Este domingo 25 de octubre, en la segunda vuelta que Encarnación describe, Lula vuelve a correr por fuera. Esta vez frente al ultraderechista Flávio Bolsonaro, heredero político del bolsonarismo.
Pero aquí es donde debemos hacer la exégesis que nos corresponde.
*La rebatiña por aplastar la corrupción*
Lo que hoy vive Brasil no es una simple elección. Es una rebatiña feroz por el control moral y político del país, donde ambos bandos se acusan de ser la encarnación misma de la corrupción que dicen combatir.
El bolsonarismo nació en 2018 como el verdugo del PT. Llegó prometiendo aplastar la corrupción del Lava Jato, de la Petrobras, del mensalão. Eran los puros contra los corruptos.
El lulismo regresó en 2022 con el discurso inverso: ellos fueron víctimas de un sistema judicial politizado, de un lawfare, y ahora les toca a ellos aplastar la corrupción del bolsonarismo, la de las rachadinhas, la de las joyas saudíes, la de las mansiones pagadas en efectivo.
Se acusan uno al otro de ladrones. Y en esa acusación cruzada, el concepto mismo de «lucha contra la corrupción» ha sido vaciado, convertido en un arma electoral.
*Brasil en el medio*
Y en el medio, abatido y abrumado, está el pueblo brasileño.
Abatido por el pasado. Por un pasado de promesas incumplidas. Los brasileños vieron cómo con Lula salieron 30 millones de la pobreza y cómo después vieron ese sueño desmoronarse en medio de escándalos. Vieron cómo con Bolsonaro llegó el orden y terminaron en el caos de una pandemia mal manejada y una democracia atacada el 8 de enero.
Y abrumado por el presente. Por una economía que no termina de arrancar, por una violencia que no cede, por una selva amazónica que se ha convertido en el centro de una disputa global y por una familia brasileña que ya no puede sentarse a la misma mesa sin pelearse por política.
Encarnación acierta cuando dice que esta es la batalla más crucial de Lula. No es solo revertir una desventaja electoral. Es una tarea ciclópea, de gladiadores de una estirpe que ya no abunda, como él bien dice.
Porque esta vez Lula no corre solo contra Bolsonaro. Corre contra lo que el propio Encarnación llama «los elementos extraños que gravitan en el panorama brasileño y que no son ajenos a la corriente negativa que está azotando al continente». La ultraderecha global, las fake news, el agronegocio, los intereses internacionales.
Tiene razón Nelson Encarnación en su cierre: «Los brasileños no se merecen a otro Bolsonaro ciclónico». Pero tampoco se merecen seguir atrapados en una carrera donde, gane quien gane, el país siente que pierde.
El caballo de fondeo puede volver a ganar la carrera. La gran pregunta es si después de cruzar la meta, quedará pista para seguir corriendo.
