Exégesis crítica del artículo de Nelson Encarnación sobre el nuevo Código Penal
Por Alan Vargas, Samantha Radio Online, Sto. Dgo, RD.
El periodista Nelson Encarnación plantea que la oposición al nuevo Código Penal dominicano proviene de sectores “permeados por intereses que pretenden vivir en el caos”, acusándolos de difundir infundios para desacreditar la pieza legislativa. Su tesis central es que las críticas carecen de fundamento y que el presidente Luis Abinader actuó con responsabilidad al promulgar el código.
La construcción del “enemigo interno”
Encarnación recurre a una estrategia discursiva clásica: atribuir a los críticos intenciones perversas (“vivir en el caos”) en lugar de reconocer la legitimidad de sus preocupaciones. Este recurso deslegitima el debate público al reducirlo a una lucha entre orden y desorden, en vez de un intercambio de argumentos sobre derechos fundamentales. La crítica profunda aquí es que se invisibiliza la pluralidad democrática y se estigmatiza la disidencia.
La omisión del debate sobre las tres causales
El autor reconoce que el tema del aborto fue excluido del nuevo código, pero lo presenta como un “obstáculo superado” que ya no debía retrasar la promulgación. Sin embargo, esta omisión no es menor: se trata de un debate ético y jurídico que divide a la sociedad y que, al ser eliminado, deja sin respuesta a un sector que reclama garantías de derechos reproductivos. La crítica es que Encarnación celebra la promulgación como un triunfo de la gobernabilidad, pero ignora que se logró a costa de marginar una discusión esencial sobre derechos de las mujeres.
La defensa de la limitación a la libertad de expresión
El artículo sostiene que “a nadie se le coarta la libertad de publicar informaciones verídicas y comprobables”, pero advierte que quien no pueda probar en un tribunal lo que dice debe “pagar las consecuencias”. Esta visión reduce la libertad de expresión a un ejercicio condicionado por la capacidad de demostrar judicialmente cada afirmación, lo cual puede convertirse en un mecanismo de censura indirecta. La crítica aquí es que se privilegia la “justa fama” de los funcionarios por encima del derecho ciudadano a cuestionar y fiscalizar al poder, debilitando el rol del periodismo y la opinión pública.
La narrativa del progreso inevitable
Encarnación presenta la promulgación como un “adelanto que no podía ser postergado”, sugiriendo que cualquier oposición era irracional. Este argumento de inevitabilidad es problemático porque invisibiliza la posibilidad de mejorar la pieza legislativa antes de su entrada en vigor. La crítica es que se confunde urgencia con precipitación, y se sacrifica la calidad del debate democrático en nombre de la modernización.
La tensión entre institucionalidad y pluralismo
El autor reconoce que quienes se oponen pueden recurrir al Tribunal Constitucional, pero lo plantea como una vía secundaria frente a la necesidad de avanzar. La crítica es que se minimiza el valor de la institucionalidad como espacio de deliberación y se privilegia la lógica del poder ejecutivo como garante único de orden y progreso. Esto refleja una visión centralista que reduce la participación ciudadana a un formalismo.
Conclusión crítica
El texto de Nelson Encarnación defiende la promulgación del nuevo Código Penal como un acto de responsabilidad presidencial y un avance histórico. Sin embargo, su discurso revela una tendencia a deslegitimar la oposición, minimizar debates éticos cruciales como las tres causales, y justificar restricciones potenciales a la libertad de expresión. La crítica profunda es que, en nombre del orden y la modernización, se corre el riesgo de consolidar un marco legal que fortalezca al Estado pero debilite la ciudadanía crítica y plural.
