La circulación nocturna de los vehículos

La circulación nocturna de los vehículos
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Miguel Ángel Quéliz Durán

La reciente propuesta de restringir la circulación de los vehículos pesados al horario nocturno ha despertado un amplio interés entre los ciudadanos. Su objetivo es claro y merece reconocimiento: disminuir la congestión vehicular que afecta diariamente a nuestras principales ciudades, especialmente a los del Gran Santo Domingo.

Como ciudadano con muchos años de experiencia en el sector de la construcción, considero que toda iniciativa orientada a mejorar la movilidad urbana debe ser estudiada con seriedad y objetividad. Sin embargo, entiendo que una medida de esta naturaleza requiere responder previamente una pregunta fundamental: ¿Cómo funcionará en la práctica, la logística del país si los vehículos pesados sólo pueden circular de noche?

Esta no es una crítica a la propuesta. Es una invitación a analizar todos los elementos que intervienen en la cadena de abastecimiento nacional antes de tomar una decisión de tanta trascendencia.

La primera cuestión consiste en definir qué se entenderá por “vehículo pesado”. Si el criterio es únicamente el peso o la capacidad del vehículo, entonces también quedarían comprendidos los autobuses de treinta, cuarenta, cincuenta y hasta sesenta pasajeros. 

Estos vehículos transportan diariamente a miles de trabajadores, estudiantes y ciudadanos que necesitan desplazarse durante el día a distintas ciudades de país. ¿Serán excluidos éstos de la medida? Si la respuesta es afirmativa, habría que explicar con claridad, cuáles serán los criterios técnicos para esa excepción.

Otro aspecto importante corresponde a la industria de la construcción. Los camiones mezcladores de concreto trabajan bajo condiciones muy particulares. 

El concreto posee un tiempo limitado para ser colocado después de su fabricación y la inmensa mayoría de los vaciados se realizan durante el día. Además, muchas municipalidades restringen los trabajos nocturnos debido a la contaminación acústica que producen las bombas de concreto, vibradores, plantas eléctricas y demás equipos utilizados en las obras. ¿Cómo se manejaría esta realidad?

Igualmente, miles de patanas transportan diariamente cemento, barras de acero, tuberías, bloques, perfiles metálicos y otros materiales desde las fábricas hasta las ferreterías y los proyectos de construcción. 

Si esos vehículos únicamente pudieran circular de noche, ¿cómo se abastecerían las obras que inician sus labores desde las primeras horas de la mañana?

La misma reflexión aplica para los cabezotes que transportan contenedores desde los puertos hacia los centros de distribución e industrias. 

Los puertos, las aduanas, los almacenes fiscales y las empresas importadoras funcionan como una cadena logística integrada. Modificar el horario de circulación de uno de sus componentes obligaría a reorganizar todos los demás procesos para evitar retrasos y mayores costos.

Tampoco pueden pasarse por alto los vehículos especiales que transportan equipos pesados que son utilizados en la construcción de edificaciones, carreteras y mantenimiento de las mismas, tales como: Retroexcavadoras, bulldozers, pala mecánicas, motoniveladoras, rodillos compactadores, grúas y otros equipos que deben ser trasladados continuamente de una obra a otra mediante plataformas especiales.

De igual manera, los grandes camiones volteo transportan diariamente arena, grava, piedra y otros agregados indispensables para la construcción. También retiran el material producto de excavaciones profundas para sótanos y estacionamientos. 

Estas operaciones se realizan, por razones técnicas y de seguridad, principalmente durante el horario diurno.

Existe además un segmento que frecuentemente pasa inadvertido: los pequeños camiones de un eje, equipados generalmente con neumáticos de aro 16, los cuales usan las ferreterías, para distribuir mercancías a domicilio y transporte de pequeñas cantidades de arena, grava, cemento y otros materiales. 

Aunque su tamaño es menor, constituyen un eslabón esencial del comercio y del servicio a miles de clientes cada día.

Todo esto conduce a una reflexión más amplia. La movilidad urbana no depende exclusivamente del tránsito de los automóviles particulares. También depende del abastecimiento permanente de los comercios, de la continuidad de las obras de infraestructura, del funcionamiento de los puertos, del transporte de mercancías y de la actividad económica en general.

Por esa razón, una medida como esta debería estar precedida por estudios técnicos de movilidad, análisis de impacto económico, consultas con los sectores productivos y simulaciones que permitan anticipar sus efectos. 

Es posible que la solución no consista en una prohibición general para todos los vehículos pesados, sino en un sistema de horarios diferenciados según el tipo de vehículo, la naturaleza de la carga, las zonas de circulación y las necesidades específicas de cada actividad económica. 

Estoy convencido de que República Dominicana necesita adoptar medidas que reduzcan los congestionamientos y mejoren la seguridad vial. Pero también estoy convencido de que las mejores decisiones son aquellas que logran un equilibrio entre la movilidad de los ciudadanos y el funcionamiento eficiente de la economía.

La pregunta, por tanto, no es si debemos mejorar nuestro tránsito. En eso todos estamos de acuerdo. La verdadera pregunta es cómo hacerlo sin afectar la producción nacional, el comercio, la construcción, el transporte de pasajeros y la calidad de vida de los dominicanos.

Estoy seguro de que, mediante el diálogo entre las autoridades, los gremios profesionales, los transportistas, los empresarios y la sociedad civil será posible encontrar soluciones equilibradas que beneficien al país en su conjunto. Ese debe ser el verdadero objetivo de cualquier reforma en materia de movilidad.

samantharadio

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