Enrique de Inglaterra se sincera sobre la muerte de Diana de Gales y el duelo: “Me sentía desleal y culpable por la posibilidad de ser feliz sin ella”

Enrique de Inglaterra se sincera sobre la muerte de Diana de Gales y el duelo: “Me sentía desleal y culpable por la posibilidad de ser feliz sin ella”
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Historia de Andrea Jiménez

Enrique de Inglaterra se ha propuesto mantener vivo el legado de su madre, Diana de Gales. A menos de un año de cumplirse el 30º aniversario del trágico accidente en París en el que Lady Di perdió la vida, el hijo pequeño del rey Carlos III ya está en negociaciones para producir un documental coincidiendo con la efeméride. Antes de que llegue ese momento, el duque de Sussex continúa con sus proyectos personales, centrado en los Juegos Invictus y en otras oportunidades laborales ahora que está de vuelta en el Reino Unido. Su último proyecto se ha hecho público este jueves 8 de octubre y se centra en la pérdida de su madre y cómo afrontó el duelo, sus ataques de pánico y la paternidad.

Él es el protagonista de la masterclass lanzada hoy Redefiniendo el duelo: construyendo resiliencia a través de la pérdida, en la que conversa con la doctora Mary-Frances O’Connor, neurocientífica y experta en duelo. Es más una conversación que una entrevista, en la que duque de Sussex relata capítulos de su vida, algunos de ellos hasta ahora desconocidos, y eso que parecía no haberse guardado nada en su libro de memorias, En la sombra, publicado en 2023 y en el que ya abordaba estas cuestiones. Tal y como explica la revista People, el curso se grabó en California a principios de este verano antes de trasladarse de nuevo al Reino Unido tras seis años viviendo en Montecito.

Cuando murió Diana de Gales, él tenía 12 años y se encontraba en Balmoral junto a su familia paterna. “No lloré cuando me dijeron que mi madre había muerto, solo en su entierro, y luego no volví a llorar durante casi dos décadas. Estaba convencido de que eso era la fortaleza, pero no lo era. Era un niño de 12 años sin permiso para derrumbarse y sin un plan para sanar”, comienza la conversación. Y continúa: “Uno pensaría que tuve la mejor ayuda del mundo. ¡Soy un príncipe, por Dios! Pero aún estaba de luto y no tenía dónde canalizar esos sentimientos».

Enrique de Inglaterra no solo relata cómo lo vivió, sino también cómo esa muerte ha marcado su vida para siempre. Afirma que, al reprimir sus recuerdos dolorosos, también perdió el acceso a los momentos felices. “El mecanismo de defensa de la mente y el cuerpo consistía en bloquear las emociones y los recuerdos. Olvidé cómo sonaba la voz de mi madre. Olvidé su risa. No podía visualizarla sin ver una fotografía suya”, explica en el curso. Años después de la muerte, un terapeuta le recomendó que buscara el perfume de Lady Di para que la memoria volviese a activarse. “Fue como ser transportado a otra época. Y desbloqueó todo lo que antes estaba bloqueado. Rociar el aroma de mi madre fue casi como derribar ciertos ladrillos para poder ver a través de ellos y que ciertos recuerdos y experiencias comenzaran a filtrarse”.

Reconoce que a menudo mira un retrato en particular de Diana de Gales y le hace preguntas, esperando obtener alguna respuesta. “Puedo mirarla a los ojos, y hay una picardía en su sonrisa. Me siento muy conectado con ella. Me encuentro mirándola y preguntándome: ‘¿Qué estará pensando sobre lo que estoy haciendo ahora mismo?”, afirma. En concreto, habla de una fotografía que apareció en el número especial de la revista Harper’s Bazaar en diciembre de 1995. Tan importante es para él que la tiene enmarcada, y la lleva consigo a la conversación. Además, admite que a veces mira la imagen “para ver si cambia la expresión facial, pero nunca cambia”. Las imágenes de Diana de Gales le han acompañado en sus 42 años de vida, incluso durante su estancia en el colegio Eton: “Aunque tenía fotografías en mi habitación en la escuela, recuerdo perfectamente no pensar en mi madre porque pensar en algo tan triste nunca iba a traerla de vuelta”, recuerda.

También sintió durante años que no podía ser feliz, ya que pensaba que con ello estaría traicionando a su madre y que pasar página supondría debilitar el vínculo con ella. “Pasé mucho tiempo emocionalmente insensible, en gran medida porque me sentía desleal y culpable por la posibilidad de ser feliz y sentir alegría sin ella. Sentía que tenía que estar triste e insensible para demostrarle que la extrañaba”, afirma. El tiempo le ayudó a cambiar esa idea: “Descubrí que ella solo quería que yo fuera feliz. Y eso supuso un gran cambio de mentalidad para mí. Me liberó y me dio una perspectiva de la vida completamente diferente”.Diana de Gales en Argentina en noviembre de 1995.

Diana de Gales en Argentina en noviembre de 1995.© Tim Graham (Getty Images)

El duque de Sussex se unió al Ejército británico a los 20 años, un nuevo comienzo que se convirtió en “la distracción perfecta”, pero al regresar a Londres todo volvió a ser como era antes. “Me distancié de muchos de mis amigos y de la vida social. Me sentía mucho más cómodo en casa viendo Friends”, recuerda en la masterclass. Y asegura que el estrés postraumático que sufrió nada tuvo que ver con su paso por Afganistán, donde en el pasado ya contó que había matado a talibanes. “Las cosas que vi, las cosas que viví, parecían ser el detonante de otros traumas que se habían acumulado en mi interior”.

Cada paso que da lo hace pensando en ella, en su legado y en lo que habría hecho de seguir viva. “Espero que mi madre se sienta orgullosa. Al intentar continuar y proteger su legado, no me di cuenta de que el trabajo que terminé eligiendo, o el trabajo que me atrajo, era muy similar al que ella también realizaba. Hay algo de mi madre en mí que me da energía para el trabajo que hago. Durante muchos años, especialmente en los últimos seis, he sentido mucho de mi madre dentro de mí”, reconoce. Enrique de Inglaterra está centrado en su labor filantrópica, como patrón de asociaciones y como fundador de los Juegos Invictus, creados en 2014 para veteranos de guerra. Y así continuará siendo, porque es lo que le hace feliz: “Han pasado muchas cosas en mi vida y ella ha aparecido en momentos en los que tenía todo el sentido del mundo que apareciera. Pero sé que si me esfuerzo más, podré estar conectado con ella con más frecuencia que en estos momentos fugaces”. Recurre a ella en busca de consejo, aunque sabe que eso es imposible: “Hola, necesito ayuda. Guíame, guíame por el buen camino”, afirma decirle.Enrique de Inglaterra y Diana de Gales en el balcón del palacio de Buckingham, en junio de 1988.

Enrique de Inglaterra y Diana de Gales en el balcón del palacio de Buckingham, en junio de 1988.© Tim Graham (Tim Graham Photo Library via Getty Images)

Nació siendo príncipe, rodeado de cámaras y con la atención mediática observando cada uno de sus pasos. Como nieto de reina, hijo de rey y hermano del futuro rey, sabe lo que es vivir con la presión de estar a la altura de las circunstancias y las expectativas, algo que terminó provocándole ansiedad. “Hubo un tiempo en el que los actos públicos me generaban un pánico absoluto. Ponerme el traje, la chaqueta y la corbata y sentir de repente que me asfixiaba. El pánico era ir de un punto A a un punto B, salir del coche delante de todas las cámaras. Empecé a darme cuenta de que me sentía muy agotado. Fue entonces cuando comprendí que había algo más, algo que debía investigar”, señala. Un sentimiento que, a pesar de ya no es miembro activo de la familia real y que elige él sus propios compromisos, le continúa ocurriendo: “Hay algunos compromisos públicos que todavía generan adrenalina. No voy a mentir”.

En 2020, Enrique de Inglaterra y Meghan Markle decidieron poner tierra de por medio, abandonar el Reino Unido y trasladarse a Estados Unidos con su familia. Pero antes de ese momento, la pareja viajó a Canadá para pensar con tranquilidad sobre su decisión de alejarse de los compromisos con la institución. “Estando en Canadá, lejos del ambiente estresante donde presumiblemente mi cuerpo estaba lleno de adrenalina, en dos o tres días experimenté un bajón de adrenalina, algo que nunca antes había experimentado. Era como si necesitara estrés para que la adrenalina me permitiera funcionar, porque me volvía inútil en casa. De hecho, caí en una depresión durante unas dos semanas y sentía que no podía funcionar sin adrenalina”.

Gracias a la terapia, todo cambió y el efecto fue inmediato. “Aprendí más sobre mí mismo en dos o tres sesiones que en 20 años. En primer lugar, me ayudó a aceptar y reconocer que estaba de duelo, que era normal sentirlo y que lo que me había pasado había sido realmente muy duro”. También le ayuda su familia y la felicidad que encuentra junto a ellos le permite seguir en el camino correcto. “El factor más importante es la energía, la alegría y la felicidad que me produce estar con mi familia, especialmente con mis hijos, y la alegría y la felicidad que me produce estar sobre el terreno realizando mi trabajo”. Y para seguir siendo feliz, tiene una regla: no puede estar más de 10 días separado de su esposa e hijos. “Se trata de equilibrar mi trabajo y el propósito que hay detrás de él, así como ser padre y esposo. Todos esos aspectos se entrelazan”.

samantharadio

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