En Yemen, continúa el enfrentamiento entre los hutíes y las fuerzas gubernamentales respaldadas por una coalición internacional

En Yemen, continúa el enfrentamiento entre los hutíes y las fuerzas gubernamentales respaldadas por una coalición internacional
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Pero ¿quiénes son los hutíes? ¿Cuáles son sus orígenes y su ideología? ¿Cómo lograron tomar el control de las principales ciudades? ¿Cómo ejercen el poder en las zonas que controlan?

Por:Guilhem Delteil

El expresidente de Yemen, Ali Abdulá Saleh, se jactaba de ser “el que baila sobre las cabezas de las serpientes”. Sus dotes como estratega le permitieron mantenerse en el poder durante 34 años y su relación con los hutíes pone de manifiesto el oportunismo que demostró para gobernar Yemen durante tanto tiempo. Al principio fue su principal enemigo y luego, en una alianza de conveniencia, uno de los artífices de sus conquistas territoriales. Pero no todas las serpientes pueden ser domadas: el exhombre fuerte del país finalmente fue asesinado en un ataque llevado a cabo por el grupo rebelde.

De hecho, el movimiento hutí se formó y se estructuró en oposición a su poder. Los hutíes surgieron en la década de 1990 en el extremo norte de Yemen, en los alrededores de la ciudad de Saada, bastión histórico de la comunidad zaidita. Esta minoría religiosa, vinculada al islam chiita, gobernó el país durante mucho tiempo, hasta 1962, cuando una revolución derrocó el imamato para instaurar una república.

Guerras de Saada

El movimiento hutí “forma parte de un redescubrimiento de la identidad zaidita, marginada por la República. Una nueva generación, conocida como ‘la juventud creyente’, ha buscado volver a poner esta identidad en primer plano”, explica Laurent Bonnefoy, investigador del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia adscrito al Centro de Investigaciones Internacionales (CERI)-Sciences Po. “Los hutíes han difundido el mito de que habrían sido marginados por el gobierno central”, matiza por su parte Abdulghani Al-Iryani, investigador del Centro de Estudios Estratégicos de Saná, un grupo de reflexión yemení. “En realidad, fueron ellos quienes decidieron sustraerse a la autoridad del gobierno central tras el fin de la guerra civil”.

A partir de 2004, el movimiento entra en conflicto abierto con el gobierno. Ali Abdulá Saleh, entonces presidente, se dirige a Saada. Participa en una oración del viernes, pero es interrumpido por cánticos que critican su alineamiento con Estados Unidos tras el 11 de septiembre de 2001: “Muerte a Estados Unidos, muerte a Israel. Victoria para el islam y maldición sobre los judíos”. Ordena detener a los manifestantes, quienes luego son liberados por la fuerza por los partidarios del movimiento hutí: es el inicio de las guerras de Saada. Durante seis años, los hutíes —reunidos en torno a su líder Hussein Al-Huthi— y las fuerzas gubernamentales se enfrentan.

Descendientes del profeta

La familia Al-Huthi, en torno a la cual se formó este movimiento, afirma descender del profeta Mahoma y, por lo tanto, tener un derecho al poder otorgado por Dios. “Consideran que solo los descendientes de Fátima, la hija del profeta Mahoma, y de su esposo Alí, primo del profeta Mahoma, tienen el derecho divino de gobernar. En cuanto a todos los demás, fueron creados por Dios para apoyar a los descendientes del profeta”, señala Abdulghany Al-Iryani.

En 2011, la Primavera Árabe llega a Yemen: surge un movimiento de protesta contra el régimen autoritario del presidente. Y Ali Abudulá Saleh cae al año siguiente. En 2014, el ya expresidente forja entonces una alianza con los hutíes contra un enemigo común: el partido islamista sunita Al Islah, que domina este movimiento. Una alianza muy beneficiosa para el movimiento rebelde. “Al apoyar a los hutíes, el antiguo régimen de Ali Abdulá Saleh les proporcionó toda una capacidad de movilización militar, toda una organización y, en definitiva, acceso al Estado y a sus recursos, lo que les otorgó, de manera bastante repentina, un poder que utilizaron para derrocar al gobierno que, en ese momento, se suponía debía liderar la transición”, destaca Laurent Bonnefoy.

Con este nuevo respaldo, los hutíes lograron rápidos avances territoriales. Tomaron la capital, Saná, el 21 de septiembre de 2014. En 2017 surgieron tensiones con el expresidente: Ali Abudlá Saleh fue asesinado el 4 de diciembre. Pero la balanza de poder sigue favoreciendo al movimiento rebelde: el gobierno reconocido internacionalmente, a pesar de contar con el apoyo militar de Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, pierde cada vez más terreno. Aunque solo controlan una parte minoritaria del territorio, los hutíes han conquistado las zonas más pobladas: dos tercios de la población viven en los territorios que ellos administran.

Partidarios de los hutíes participan en una manifestación en Saná contra la coalición militar liderada por Arabia Saudita.
Partidarios de los hutíes participan en una manifestación en Saná contra la coalición militar liderada por Arabia Saudita. AP Photo/Osamah Abdulrahman – Osamah Abdulrahman

Represión

Los hutíes son, por lo tanto, un gobierno de facto de una parte del país, reconocido en la escena internacional únicamente por Irán. Ejercen su poder por la fuerza. “Han recurrido al método probado por los imanes zaiditas durante los últimos mil años: una represión extrema. Si te rebelas, mueres. Han matado a miles de personas y han encarcelado a decenas de miles”, señala Abdulghani Al-Iryani, del Centro de Estudios Estratégicos de Saná. “Han establecido sistemas de vigilancia de la población. Hay un gran número de violaciones de los derechos humanos, entre ellas contra las minorías religiosas. Y, además, la situación de las mujeres se ve indudablemente afectada por su poder”, agrega Laurent Bonnefoy. Los hutíes también detienen a trabajadores humanitarios y a miembros de organizaciones internacionales, acusándolos de ser espías.

A partir de 2019, las partes beligerantes hacen una pausa en los combates

Una mediación de las Naciones Unidas logra un alto el fuego en 2023, pero el proceso político no llega a un acuerdo de paz. “Conscientes de su fracaso desde 2015, los sauditas [principal apoyo del gobierno reconocido internacionalmente, que, por cierto, tiene su sede en Riad, nota del editor] buscaban una forma de salir del atolladero yemení”, señala Laurent Bonnefoy. “Simplemente, entre 2022 y la actualidad, se ha producido una escalada de las exigencias de los hutíes, quienes han buscado obtener más y jugar su carta frente a unos sauditas que sabían que estaban dispuestos a abandonar el terreno yemení”.

Reanudación de las hostilidades

El pasado mes de julio, un avión iraní que había venido a recoger a una delegación hutí para el funeral del Líder Supremo Ali Jamenei (nota del editor: asesinado el 28 de febrero en un ataque el primer día de la guerra lanzada por Israel y Estados Unidos contra Irán) aterrizó en el aeropuerto de Saná. Una provocación para el gobierno yemení y su aliado saudita: el aeropuerto fue bombardeado unos días después, antes de que aterrizara el avión de regreso. Esto marcó la reanudación de las hostilidades en varios frentes. Y en septiembre, los hutíes lograron un nuevo éxito estratégico: tomaron el control del estrecho de Bab el-Mandeb, a la entrada del Mar Rojo.

De ser un movimiento rebelde regional, los hutíes se han convertido en una fuerza poderosa. Sus efectivos han aumentado considerablemente. Los bombardeos sauditas han generado una sensación de agresión externa que el movimiento ha sabido aprovechar: para muchos yemeníes, la prioridad se ha convertido en repeler a Arabia Saudita. En un país que enfrenta una de las crisis humanitarias más graves del mundo, unirse a las fuerzas hutíes es también una de las pocas formas de obtener una pequeña compensación económica. Además, los hutíes cuentan con el apoyo de Teherán: disponen de drones y misiles de tecnología iraní.

“Pero hay otro factor que también explica sus éxitos militares: la fragmentación del bando antihutí”, señala Laurent Bonnefoy. Los actores yemeníes están divididos, en particular, entre las fuerzas afiliadas a los Hermanos Musulmanes y los independentistas del sur del país. Y los aliados internacionales, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, también tienen objetivos de guerra divergentes: mientras que la prioridad de los saudíes es contrarrestar a los hutíes, los emiratíes parecen buscar ante todo asegurar su presencia en el golfo de Adén, que representa una importante ruta marítima para ellos. Estos objetivos bélicos divergentes han contribuido al fortalecimiento de los hutíes.

samantharadio

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