Fallece Edgar Morin, una de las figuras más influyentes del pensamiento francés en los últimos 50 años
Nacido en París en 1921, Edgar Morin mantuvo lazos estrechos con América Latina. En los micrófonos de RFI varios profesores e intelectuales le rinden homenaje
Por: Asbel López
Las ideas de Edgar Morin sobre la complejidad marcaron el pensamiento contemporáneo en ámbitos tan diversos como la sociología, la filosofía, la educación y la ecología. Fue el autor, entre otros, de «El método», obra monumental en seis tomos que terminó de publicar en 2004 y en la que desarrolla su teoría del pensamiento complejo. En 1999 publicó con la UNESCO uno de sus libros más comentados «Los Siete saberes necesarios para la educación del futuro».
«Edgar Morin era el humanismo hecho persona. Con su benevolencia y su curiosidad no dejó nunca de iluminarnos. Pensamiento complejo, vida fecunda, espíritu universal», escribió este sábado el presidente Emmanuel Macron en un mensaje de condolencias a sus allegados.
Para muchos, descubrir sus ideas fue una auténtica revelación. Éste fue el caso, entre otros, de Virginia Gonfiantini, doctora en Pensamiento Complejo de la Multiversidad Mundo Real Edgar Morin en México.
«Conocí a Edgar Morin hace 25 años, cuando yo estaba comenzando a dar una clase de posgrado en Rosario, Argentina. Me llegó un texto que hacía referencia a la introducción del pensamiento complejo de Edgar Morin. Yo no lo conocía. Cuando empecé a leerlo, me estalló la cabeza porque presentaba una nueva teoría del conocimiento que tiene que ver con este ‘complexus’, este entramado de elementos heterogéneos. Lo que construyó Morin fue cómo poder entrelazar los diferentes saberes que son necesarios para poder vivir en el siglo XXI».
Al profesor colombiano Rubén Fontalvo, doctor en ciencias de la educación, la lectura de sus libros le permitió abrir su pensamiento: «Con Edgar Morin uno aprende a ser demócrata en el conocimiento, a comprender a los opositores, a los opuestos, a los contrarios».
En Cuba, Carlos Jesús Delgado, profesor de filosofía en la Universidad de La Habana, destaca un pensamiento, «muy metafórico, muy rico en su naturaleza simbólica, pero al mismo tiempo muy preciso. Morin es un autor capaz de pensar la realidad desde sí mismo como autor, como hace cualquier otro autor, pero pensándola también en clave colectiva, en clave simbólica y cultural, es un autor profundamente francés y profundamente universal».
Una vida de resistente
Edgar Morin nació el 8 de julio de 1921 en París, en el seno de una familia judía sefardita. Su madre, llamada Luna, murió cuando él tenía diez años. Su padre era propietario de una mercería en la calle Abukir. Cuando empezó la Segunda Guerra Mundial, tenía 18 años.
«Edgar Morin fue un resistente [contra la invasión nazi] durante la Segunda Guerra Mundial», recuerda Carlos Moreno, promotor de la ciudad de los 15 Minutos y miembro de la Academia Francesa de Tecnología.
«Su apellido, Morin, viene de su alias. Era su nombre de guerra. Cuando alguien entra en resistencia, como fue en ese momento en la Segunda Guerra Mundial contra el fascismo, cuando ingresa a círculos de resistencia, sabe perfectamente que puede morir en cualquier instante», sostiene Carlos Moreno, quien sostuvo una relación intelectual y de amistad con el sociólogo francés.
Esta etapa como resistente, tan joven, marcó el resto de su vida, según Moreno. «El motor principal de Edgar Morin siempre fue cuestionar el orden establecido. Esto fue lo que lo llevó a ser resistente, lo que lo llevó a ser comunista. Pero también es lo que llevó luego a dejar de ser comunista. Es lo que le llevó a apoyar las manifestaciones juveniles de ‘Mayo del 68’. Pero es lo que lo llevó a dejar de apoyar los postulados de Mayo del 68. Es lo que lo llevó a criticar los regímenes totalitarios; lo que lo llevó a apoyar los movimientos de lucha en América Latina contra las dictaduras».
Lejos del comunismo, el guevarismo y el maoísmo
En América Latina su pensamiento ha sido clave, según Moreno, porque «cuando en América Latina el guevarismo y el castrismo, el maoísmo, el comunismo, son fuentes de pensamiento de ciertos sectores de la población, Edgar Morin ofrece un pensamiento transversal que aporta claves para pensar desde un lugar en el que se puede vivir de una manera menos sectaria y mucho más abierta, mucho más asequible. Ofrece, digamos, un pensamiento no dogmático. Este es su principal aporte. Aquellos que toman el pensamiento de Edgar Morin como un elemento clave para el análisis socioeconómico, es la gente de mayor libertad de pensamiento, la gente más altruista, la menos sectaria. Esto es importante en América Latina porque forma parte del legado de Edgar Morin».
Esto es lo que también resalta Rubén Fontalvo, profesor en la Universidad Simón Bolívar en Barranquilla: «Yo venía de las corrientes del pensamiento crítico clásico. Con Morin aprendí a ver que las cosas, muy a pesar de que eran contrarias, opuestas, a pesar de todo podían complementarse. Ese sentido de buscar la complementariedad en las cosas fue el activador para que yo me dedicara con más tiempo al pensamiento de Edgar Morin».
En Cuba una visita de Edgar Morin a comienzos de los años 2000, fue clave para la difusión de su pensamiento, en particular en el campo de la educación, anota Jesús Delgado Díaz, profesor de Filosofía.
«En el caso de Cuba fue muy notable su influencia cuando Morin vino a un congreso en 2004. En ese momento se produjo un giro total en el estudio de su pensamiento. Muchas personas se interesaron y se amplió el círculo de las personas que trabajamos en el pensamiento moral en el campo de la educación. Concretamente, en centrar la atención en el vínculo entre la educación y la vida. La moral no promueve una educación para el trabajo, sino para el trabajo y la vida. Es un aprender a vivir, un enseñar a vivir, a no perder de vista la vida cuando se estudia una carrera universitaria. Es una conexión profunda entre conocimiento, vida, reflexión humana, interpretación humana, simbolismo humano. Creo que ese es un legado fundamental en el campo de la educación».
Pensamiento de Sur
La influencia del pensamiento complejo de Edgar Morin en América Latina ha tenido muchos aspectos. Virginia Gonfantini, profesora de pensamiento complejo en varias universidades latinoamericanas, resalta una noción en particular.
«Morin hace muchísimos años depositó la mirada en América Latina en función de los regionalismos y de esta concepción de pensamiento de Sur que acuñó. Esta concepción de las diferentes epistemologías que utilizamos para poder conocer la realidad de los pueblos originarios, de los pueblos europeos, los del norte y los del sur. Fue esa riqueza que le llamó la atención a Morin y por eso pudo concretar una epistemología, y una epistemología educativa, pensada desde Latinoamérica y nutrida también con algunos autores y algunas perspectivas teóricas de América Latina».
Nelson Vallejo-Gómez, quien sostuvo una larga relación intelectual y de amistad con Morin, resalta su principal legado.
«La urgencia de reformar de manera estructural la política y la sociedad a través lo que él llamaba la reforma educativa y que se encuentra en ‘los Siete saberes necesarios para la educación del futuro’. Eso implica, desde su punto de vista, una reforma del entendimiento para tener lo que él llamaba una política de civilización que tiene como nudo central una ética de la civilidad. El legado de Morin para mí es, ante todo, la posibilidad de un comportamiento ético cotidiano desde la noción de civilidad, es decir, tejer aquello que religa la relación entre los seres humanos. Por eso a él le gustaba mucho citar la divisa de la Unión Europea ‘Unidos en la Diversidad'», apunta Vallejo-Gómez, inspector del ministerio francés de la Educación.
Autodidacta
Edgar Morin obtuvo una modesta doble licenciatura en derecho e historia-geografía. Él mismo se consideraba un autodidacta. Esto no le impidió publicar más de 80 libros. En uno de los últimos, publicado en 2025, se preguntaba por las lecciones de la historia. Recibió más de 30 Honoris Causa, cerca de una decena de ellos en universidades de América Latina.
Pero, ¿cómo una persona con una obra así sobre las espaldas, soñaba sus últimos momentos? Carlos Moreno intenta una respuesta evocando un deseo que Morin compartió con él en uno de sus cumpleaños.
«Antes de llegar a los 100 años, Edgar reunió a un grupo de amigos en los que yo me encontraba con un objetivo: hacer una película. Él quería filmarla en América Latina. Su pensamiento ha iluminado muchas personalidades en América Latina. Allá es muy conocido. Le dicen Edgar ‘Morín’. Su pensamiento está muy presente. Su obra ha sido traducida. Han sido creadas cátedras Edgar Morin. Él se rememoraba perfectamente los lugares que había visitado en América Latina, pero con detalles increíbles. Me decía: ‘Carlos, te acuerdas en Recife, María, la que tenía trenzas y ojos claros’. Él quería rodar ese documental y llamarlo ‘La despedida’ porque decía: ‘Lo mejor que me puede pasar es que, rodando esa película, me despida de todo el mundo'».
Humanista creativo e inspirador
Pero no ha sido así. Edgar Morin ha fallecido sin despedirse de sus amigos como él quería. Hoy varios de ellos le rinden homenaje.
«A Edgar le encantaba estar jugando constantemente, creando nuevas palabras. Era generoso y egoísta al mismo tiempo, tierno e indiferente al mismo tiempo, ingenuo y muy oportunista al mismo tiempo, era curioso y chistoso. Un humanista ante todo; creativo, inspirador. Era un festival de inteligencia cuando uno conversaba con él», dice Nelson Vallejo Gómez.
«Esa sensibilidad, ese cariño humano de Edgar Morin, estuvo muy presente en muchos de los que logramos estar en alguna convivencia con él. Siempre tenía un saludo muy afectuoso para todos los amigos. Le gustaba estar permanentemente rodeado de los amigos. Nunca negaba una conversación. Nunca, nunca. Eso nos animaba mucho porque uno se sentía con el amigo, no con el intelectual, el pensador. Además, siempre tenía un consejo para uno. Siempre, siempre. Y siempre andaba con una sonrisa, siempre andaba muy estimulado pese a todas las cosas que le tocaba trabajar en su devenir», sostiene Rubén Fontalvo.
«Me hubiera encantado conocerlo», dice Virginia Gonfantini. «Hace 25 años que lo estudio. Estudié en una universidad dedicada a su pensamiento en México. Me parece que fue un pensador adelantado a su tiempo, pudo abordar diferentes dimensiones de análisis y construir un proyecto cognitivo adecuado a los signos de los tiempos».
Desde Cuba, el profesor Jesús Delgado Díaz afirma que Morin «sobresalió por ser una persona curiosa, amable, una persona capaz de conversar con cualquiera. Era un hombre abierto al conocimiento y a los sentimientos humanos, a la pasión. Fue un hombre apasionado. Un hombre extraordinario. Su capacidad de escuchar era impresionante. La mirada al frente, siempre con una mirada abierta, unas muestras de curiosidad mezcladas con ternura e ingenuidad de niño».
