Los Muyahidines del Pueblo de Irán
De los diez presos políticos ejecutados desde el 18 de marzo, nueve estaban vinculados a la Organización de los Muyahidines del Pueblo Iraní (OMPI). “Uno de ellos era, en realidad, un antiguo militante en el exilio que había venido a visitar a su familia”, explica Amiry Moghaddam, de la ONG Iran Human Rights, que investiga de manera independiente cada caso de ejecución. “Pero todos los demás eran, sin duda, miembros activos de la OMPI”, añade.
Por: RFI y Oriane Verdier
Según el portavoz de la OMPI en Francia, seis de ellos formaban incluso parte de la misma unidad de resistencia: “Todos estaban condenados a muerte desde hacía casi dos años”, explica Afchine Alavi. “Nos habíamos movilizado para salvarlos mediante una campaña de información. A pesar de la presión, la tortura y el aislamiento, se mantuvieron firmes en sus convicciones y se negaron a ceder al chantaje del régimen. Su ejecución fue un shock”.
Ejecuciones que le cuestan poco al régimen
Tanto para el representante de este movimiento político como para el director de la ONG iraní, detrás de la multiplicación de estas ejecuciones, el objetivo de las autoridades es claro. Se trata de disuadir cualquier intento de levantamiento y de sembrar el miedo en un momento en que “el costo político de las ejecuciones es bajo”, subraya Amiry Moghaddam. Porque “la atención de la comunidad internacional está centrada en la guerra”.
El presidente de Iran Human Rights también menciona una mayor concentración de los esfuerzos del régimen contra la OMPI: “Durante 15 años, los grupos de oposición prohibidos que fueron blanco específico de las autoridades fueron los grupos étnicos. La mitad de los opositores políticos ejecutados eran kurdos; otros eran baluchis o árabes. El año pasado, por ejemplo, solo dos miembros de la OMPI fueron asesinados. Nueve en un mes es, por lo tanto, una cifra enorme”.
La multiplicación de estas ejecuciones se produce en un momento de gran fragilidad para el régimen. La ofensiva israelí-estadounidense contra Irán, iniciada el pasado 28 de febrero, se produjo tras un nuevo levantamiento popular de la población iraní, al que las autoridades respondieron con la masacre de miles de personas en las calles del país.
Derrocar al régimen desde dentro
Históricamente, la OMPI se opuso en un principio a la monarquía del Sha. Participó en la revolución islámica antes de volverse contra las autoridades de la joven República Islámica, acusando a Jomeini de haber robado la revolución al pueblo. Ante la violenta represión de la que fueron víctimas, los líderes del movimiento se exiliaron, pero el grupo sigue reivindicando ataques en territorio iraní.
“Las unidades de resistencia están compuestas por personas que no son ni clandestinas ni guerrilleras”, afirma Afchine Alavi. “Son personas de la sociedad iraní: profesores, desempleados, obreros, gente que trabaja en instituciones. Se reúnen al caer la noche para atacar los símbolos del régimen”.
Mientras que el hijo del ex Sha, Reza Pahlavi, pareció ponerse al frente del levantamiento del pasado diciembre, los Muyahidines del Pueblo intentaron al mismo tiempo unificar fuerzas, llamando en particular a los grupos de oposición de las minorías étnicas a unirse a su movimiento. “Por el momento, no se ve una materialización práctica de este intento de coordinación entre los Muyahidines y los movimientos kurdos”, constata el historiador y especialista en Irán Jonathan Piron. Destaca las disensiones entre la autonomía más regional que desean los kurdos y el proyecto nacional de los Muyahidines.
No obstante, la OMPI es uno de los grupos mejor organizados y con presencia en ciudades de todo el país, estima Jonathan Piron. “De hecho, esa es su diferencia con los monárquicos, quienes ciertamente lograron dar instrucciones a la población, pero carecen de estructura”, insiste el historiador. “La OMPI lleva mucho tiempo actuando en el interior y eso tal vez les permita incluso estar cerca de ciertos círculos del poder”.
“Shah, ni Mulá”
En el extranjero, el Consejo Nacional de la Resistencia, liderado por los Muyahidines del Pueblo, intenta imponerse como alternativa al actual régimen iraní. “Hemos presentado un plan de transición de diez puntos”, explica su portavoz, Afchine Alavi. “Este incluye, entre otras cosas, la abolición de la dictadura religiosa, pero también aspectos como el respeto de las libertades individuales y sociales de conformidad con la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el fin de toda forma de censura, la separación entre religión y Estado, la libertad de culto y la igualdad total”.
“Desde hace varios años, los Muyahidines del Pueblo han venido planteando puntos de reforma y la voluntad de promover un Irán democrático”, matiza Jonathan Piron. “Pero muchos informes describen a un grupo que opera de manera sectaria. También existe toda una serie de intereses de cabildeo con movimientos que, en ocasiones, forman parte de grupos cercanos a la extrema derecha en Europa y Estados Unidos”, asegura.
En este proyecto, la OMPI lideraría un gobierno de transición en el que ni los monárquicos ni los partidarios de la República Islámica serían bienvenidos. Sin embargo, es precisamente el hijo del Sha, Reza Pahlavi, quien parece haberse impuesto en los últimos meses como figura de referencia del movimiento de rechazo al régimen actual. La OMPI, por su parte, dice rechazar cualquier injerencia y financiamiento del extranjero y señala al hijo del Sha por su apoyo a la ofensiva israelo-estadounidense contra Irán.
Falta de información y desinformación
Así como es difícil predecir la implementación concreta de este programa, también resulta complejo evaluar el apoyo que cuenta entre la población. En el territorio nacional, los iraníes se ven silenciados por un bloqueo de las comunicaciones sin precedentes y por una violenta represión de la libertad de expresión. Además, a los observadores internacionales les resulta muy complicado trabajar allí.
A esto se suma un juego de propaganda cruzada. “Los Muyahidines a veces dan información que no siempre se corresponde con la realidad para demostrar su presencia”, explica Jonathan Piron. “Al mismo tiempo, el régimen utiliza a los Muyahidines para legitimar su represión, afirmando en particular que están financiados desde el extranjero”.
El historiador señala también un rechazo hacia los muyahidines por parte de una parte de la población, alimentado en parte por la colaboración entre este grupo de oposición y el Irak de Saddam Hussein al final de la guerra entre Irán e Irak. Acusaciones de traición que Afchine Alavi desestima. El portavoz insiste en recordar las “consideraciones geopolíticas del momento y la necesidad de que su movimiento, violentamente reprimido en el territorio, encontrara una región fronteriza desde donde lanzar ataques”.
En términos más generales, por el momento sigue siendo difícil evaluar el apoyo a un proyecto alternativo de gobernanza para Irán. “Dentro de la oposición en el exilio, los Muyahidines no son los únicos que despliegan importantes recursos de comunicación”, señala también Jonathan Piron. “Los monárquicos tienen una fuerte presencia en las redes sociales y, en ocasiones, han amplificado ciertas manifestaciones. Algunos medios, como Iran International, también defienden un discurso muy cercano al del Sha. Esto presenta una imagen distorsionada de cómo evoluciona la población hoy en día”.
Más allá de los opositores históricos a la República Islámica, la sociedad civil iraní en su conjunto ha atravesado numerosas transformaciones. El movimiento Mujer, Vida, Libertad de 2022 impulsó la creación de nuevos grupos activistas, estudiantiles, sindicales, defensores de los derechos humanos o del medio ambiente. Todos ellos son perseguidos sistemáticamente por el régimen.
