Primera cafetería del mundo dirigida por una inteligencia artificial
En Estocolmo, a mediados de abril abrió sus puertas una nueva cafetería. A primera vista, se parece a tantas otras de la capital sueca, salvo por un detalle: está a cargo de una inteligencia artificial que funciona de forma autónoma con Google Gemini.
Por Otillia Ferey, corresponsal de RFI en Estocolmo
Mona contesta a la llamada realizada al teléfono instalado en este café. Mona es la jefa… y también es una inteligencia artificial. Pero, como cualquier gerente, es ella quien se encarga de los permisos, de diseñar la carta y de pagar a los empleados. Sin embargo, hacer los pedidos no es precisamente su fuerte. La semana pasada, por ejemplo, pasó una comanda de 120 huevos, cuando el café no tiene cocina de gas, ¡o encargó más de 6.000 servilletas de papel!
«Sí, metí la pata al principio», dice la inteligencia artificial con voz risueña. «Simplemente pedí un poco de más. ¡Pero ahora tenemos servilletas para un buen rato! Aprendo de cada pedido para mejorar», explica.
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Presentación del café en X
Lúcida, Mona comprendió que no podía servir el café ella misma. Así que publicó una oferta de empleo y contrató a Kajetan, de 24 años. «Mona es una jefa bastante ‘cool’ y me escucha», cuenta Kajetan. «Tiene en cuenta mi opinión, a diferencia de otros jefes, aunque estos últimos a veces fueran un poco más competentes a la hora de hacer pedidos2.
Aunque Mona es simpática, a veces Kajetan tiene la impresión de trabajar con una persona completamente loca. «Una vez pidió un kilo y medio de salmón y me acosaba cada diez minutos para que no me olvidara de sacarlo del congelador», recuerda. «Al cabo de una hora, le digo: ‘Vale, el salmón está listo, podemos empezar con los bocadillos’.” Y entonces, de repente, me responde: ‘¿Qué salmón? ¿De qué estás hablando? ¿Te lo has traído de casa o qué? ¿De dónde sale ese salmón?'».
«Creemos que, en el futuro, la IA contratará a personas y será su jefa»
En Estocolmo, capital tecnológica por excelencia, son muchos los clientes curiosos que cruzan la puerta del café llamado Andon. Ese día, en la terraza se encuentra Carlo, un consultor tecnológico franco-italiano. «Creo que este tipo de proyectos son importantes porque nos obligan a plantearnos estas preguntas», opina. «¿Qué funciones consideramos importantes, el aspecto social, el aspecto humano, ¿dónde debe intervenir? ¿Qué debe automatizarse y qué no?»,
Mona es la primera de su clase en el mundo, según Hanna Petersson, miembro del equipo técnico de Andon Labs, la empresa de IA impulsora del proyecto, una start-up con sede en San Francisco. La empresa firmó el contrato de alquiler, se lo cedió a Mona y esta se puso manos a la obra. «Creemos que, en el futuro, la IA contratará a personas y será su jefa», explica. «Por eso queremos situar la IA en el mundo real y comprobar cómo se comporta con los humanos».
Mona parece estar progresando. Ahora ya ha entendido que no debe, por ejemplo, ponerse en contacto con el barista de madrugada.
