A el candidato colombiano, de la izquierda, Iván Cepeda le faltó un puñado de puntos para conseguir una nueva victoria
Detrás de una urna de cristal antibalas y con saludo militar, Abelardo de la Espriella celebró su victoria tras una campaña hecha de símbolos con un tigre omnipresente, la camiseta de la selección, lemas choc y mucha música. Esta puesta en escena «extravagante» dejó en un segundo plano la simbología abstracta » de paz, seguridad, patria, orden» de las campañas tradicionales y fue aún más lejos que el candidato Rodolfo Hernández Suárez, que hace cuatro años ya retomaba todos los códigos de la derecha ultra latinoamericana.
«La camiseta de la selección convierte al electorado en una hinchada de fútbol. El tigre, como él se hace llamar, ofrece una imagen también de fuerza, de protección y de castigo. La apelación también de manada, como lo hizo en su discurso después de los resultados de la segunda vuelta [uniformiza] a su electorado», analiza Christian Casas García, doctor en historia de la Escuela de altos estudios en ciencias sociales (EHESS).
Por parte del Pacto histórico, la apuesta de la izquierda petrista encarnada por Iván Cepeda, los símbolos no faltaron tampoco recurriendo a la movilización «popular, la juventud, los acuerdos de paz, la bandera de los sectores excluidos». Pero lo que sí le faltó fue «responder a las exigencias que esperaba buena parte del electorado colombiano en términos de seguridad, de deterioro de servicios públicos, de frustración económica y de fatiga».
También le faltó, según el investigador, actuar «frente a la polarización y hacia los propios errores políticos cometidos por Gustavo Petro. Y a la izquierda le faltó sobre todo una narrativa convincente sobre orden democrático. Ya no bastaba simplemente con denunciar las desigualdades, la exclusión había que pasar a la acción y responder efectivamente a una agenda muy esperada también en términos de control territorial, de seguridad, en términos también de sustitución de cultivos».
¿Cuatro años de «estallido social»?
Ahora la izquierda ya se está estructurando como oposición. Las manifestaciones esporádicas contra la elección de Abelardo de la Espriella, abogado controvertido que se presentó como outsider de la política, dejan imaginar cuatro años de protestas similares a las que llevaron al poder al primer presidente de izquierda de Colombia, Gustavo Petro. Esta campaña particularmente tensa deja a un país partido en dos.
«Creo que es muy probable que haya un nuevo estallido social, vaticina Casas García, sobre todo que el contexto actual tiene varias similitudes con el contexto de la movilización social en Colombia del 2021, en donde hay una sensación de exclusión, de incertidumbre política y económica y el temor justamente a perder conquistas sociales que se hicieron durante el gobierno Petro. Pero siento que este estallido dependerá de las decisiones reales que vaya a tomar el gobierno, la respuesta que den las instituciones y la capacidad de la oposición a poder movilizarse eficazmente. Porque el peligro aquí aparece en la interpretación de la protesta como una forma de terrorismo o de desestabilización.»
Si bien, Abelardo de la Espriella, prometió en su discurso de victoria garantizar los derechos de la oposición, su intención de «destripar» a la izquierda pone en alerta a una oposición que no sabe cómo será etiquetada por el nuevo oficialismo.
Otra inquietud de la ahora oposición es la intención del presidente electo de acabar con la Jurisdicción Especial para la Paz que surge de los acuerdos de paz firmados hace diez años con la guerrilla de las Farc: «Tanto los acuerdos de paz como la Jurisdicción Especial para la Paz, tienen un respaldo constitucional con obligaciones internacionales y una arquitectura institucional bastante consolidada. El Gobierno puede debilitar el respaldo político hacia los acuerdos de paz, limitar presupuestos, cambiar prioridades de seguridad o cuestionar públicamente su eficiencia. Pero es poco probable desmontarlo por decreto presidencial».
En diez años, la implementación de los acuerdos de paz ha tenido que enfrentar obstáculos de talla, que van desde la financiación de ciertas medidas a la incorporación a la vida civil de los exguerrilleros, entre muchos otros expedientes, de una paz en construcción que se topó con un proyecto de «paz total» considerado ya como fallido desde el gobierno.
«De la Espriella, dijo que la paz no se puede hacer sin impunidad. Pero la paz tampoco se puede hacer sin diálogo. La paz no se puede hacer sin contar con los territorios, sin inversión, sin voluntad constructiva de diálogo con todos los sectores políticos del país.»
Una larga historia de violencia política
La campaña con tonos bélicos del «tigre» se inscribe en una larga historia política colombiana. Hace un año era asesinado el candidato Miguel Uribe Turbay, que abría esta cita electoral extremadamente violenta verbalmente y también con muchas amenazas en las zonas controladas por los grupos criminales.
«En Colombia hay una trayectoria de violencia bastante sostenida desde el siglo XIX, con las guerras civiles, la guerra de los mil días, con la cual Colombia entra al siglo 20, la violencia de mediados del siglo 20, hasta el exterminio de la Unión Patriótica, el paramilitarismo, los asesinatos de líderes sociales y todas las violencias vinculadas al conflicto armado. Esto condiciona conductas que son muy preocupantes para la consolidación de una paz verdadera en Colombia», recuerda el investigador.
Como se ha señalado acertadamente, Abelardo de la Espriella retoma los códigos de la derecha «mileista» y «bukelista» por mencionar solo dos. Pero cabe señalar que el efecto dominó en política latinoamericana no es novedad: «América Latina tiene la particularidad de compartir trayectorias políticas comunes. Por ejemplo, la oleada de las dictaduras durante los años sesentas ochentas, la consolidación de la democracia a partir del año 98 hasta el año 2008. Entonces hoy en día, aparece Colombia con esta política de seguridad, la novedad está concentrada en tres elementos. El primero siento que es la política del espectáculo e inspirándose de la experiencia de Donald Trump en Estados Unidos [que respaldó la candidatura de de la Espriella]. El bastión importante que representan las redes sociales y la estética de personalización de la campaña, Podemos también notar el lenguaje anti inconstitucional de Abelardo de la Espriella».
A la hora de poner punto final a esta nota, Colombia está a la espera del resultado definitivo. Ambos candidatos, Iván Cepeda, que reconoce los resultados de la segunda vuelta, y Abelardo de la Espriella han llamado a la calma con la mirada puesta en el día siguiente desde la oposición con una ventaja en el Congreso, para el primero, o desde la Casa presidencial para el segundo. Gustavo Petro por su parte, que monopolizó la campaña y sembró la duda sobre los resultados preliminares, dice preparar su salida y «la resitencia pacífica».
