Una batalla contra las drogas y solo Dios pudo ayudarlo a vencerlos
La semilla de Dios en su corazón siempre estuvo presente, cultivada en su hogar durante su niñez en San José de las Matas, donde nació en 1963. Su madre, Francisca Mercedes López (“Chachita”), fue su ejemplo como catequista y miembro de la Iglesia Católica

Ramón AlmÁnzar, Santo Domingo
Alex Bueno se entregó a Dios de manera decidida en el último tramo de sus 62 años de vida. Antes, el “Mayimbito” libró una batalla campal contra los demonios del alcohol y las drogas. Varias veces se levantaba. Y otras tantas caía en esas debilidades. Sin embargo, una chispa de fe siempre lo acompañó hasta que logró zafarse de los vicios y entregar su vida al Señor. En esa actitud fue a los brazos del Creador la mañana de ayer jueves, tras un largo recorrido en el que dejó un legado imborrable en la música dominicana y un testimonio de que nunca es tarde para cambiar.
La semilla de Dios en su corazón siempre estuvo presente, cultivada en su hogar durante su niñez en San José de las Matas, en la provincia de Santiago, donde nació el 6 de septiembre de 1963. Su madre, Francisca Mercedes López (“Chachita”), fue catequista y formó parte de coros de la Iglesia Católica en su comunidad.
Ya adolescente, en su mudanza de Sajoma a Santo Domingo, el diablo acechaba. Y un día se le presentó como un salvador. Justo cuando el muchacho comenzaba a subir en su nivel de popularidad como cantante, al mismo tiempo iba bajando a lo más oscuro del mundo del entretenimiento en la década de los años 80: las drogas.
Cuando ingresó a la orquesta de Fernando Villalona en 1982 encontró su primera pegada radial: “Piel canela” (versión en merengue del bolero del puertorriqueño Bobby Capó). Allí también dio sus primeros malos pasos. Fue precisamente gracias a este éxito y por su paso al lado del “Mayimbe” que el público comenzó a llamar a Alex “El Mayimbito”.
Los años 80 fueron de desahogo social con el afianzamiento de la democracia. El auge del merengue catapultaba a sus principales cantantes en medio de la llegada de un enemigo silencioso: la expansión del narcotráfico internacional en el Caribe. En su ruta a Estados Unidos, parte de la cocaína colombiana se quedaba para consumo local y en esa trampa cayeron miles de jóvenes, incluyendo a Alex Bueno.
¿Qué merenguero aguantaba esa presión de la fama, la popularidad, el que te pidan un autógrafo y que en el país la radio y la televisión se disputaran tus canciones? La droga fue un escape a esa ansiedad provocada por el estrellato. Alex Bueno cayó en lo más hondo, pero no sucumbió de manera definitiva. Esa raíz hogareña lo acompañó hasta la hora de su muerte.
El orgullo de madre
Sus vaivenes en las tentaciones del demonio convirtieron su vida en una constante batalla. En una de esas veces que anunció que estaba libre de los vicios hasta su madre se sentía orgullosa: “Quiero decirte, Alex, que en realidad, por primera vez en mi vida me siento orgullosa de ser la madre de Alex Bueno… ya no me rehúyes la mirada, porque te he visto resucitar”. Las lágrimas corrieron por las mejillas del artista y en algunos rincones del centro se escucharon sollozos, describía un día de 1990 la crónica de Patricia Arache en el periódico El Siglo, que reseñó un encuentro del artista con periodistas y otros invitados en el Maunaloa Night Club. Y la madre añadia: “Sabemos que tú, de ahora en adelante, eres un hombre nuevo. Tienes una vida por delante. Siempre estaremos contigo. Ahora sabes que vale la pena vivir y recuerda que el que está en la cima domina la montaña y el valle también”.
El público no contuvo la emoción y se paró, colmando de aplausos y ovaciones a esas dos figuras que juntas, sin dudas, son protagonistas de una misma historia. Alex Bueno ha vuelto a resurgir. Muchos son los testigos, pero más los motivos. Es un hombre nuevo. El Maunaloa Nigth Club sirvió de cuna para su renacimiento, publicó El Siglo.
En el camino
Las promesas del cambio no fueron cumplidas, pero seguía aferrado a una fe inquebrantable y casi todas las entrevistas que se le hicieron tocaban el tema de su adicción, lo que él no rechazaba. Por el contrario, entendía lo mal que le hizo a su carrera y a su vida: “Si me hubiese dado cuenta al sumar el dinero gastado en las drogas, hoy fuera una persona con mejor posición económica, más realizada y con otra suerte artística”.
En otra entrevista para el periódico El Nacional llegó a decir que se cansó de la vida que llevaba: “Yo me harté, me sentí vulgar, me sentía menos que cualquiera, con un sentimiento de
culpa, temeroso de todo el mundo, pues creía que me estaban mirando para señalarme por lo que venía haciendo. Tengo poco tiempo de recuperación y de tratamiento, pero creo que
lo voy a lograr, que voy a vencer. Porque la propuesta ha sido mía, quien se lo ha propuesto soy yo”.
Según dijo, a consecuencia de los problemas de los vicios llegó a alejarse de sus hijos y su familia, situación que no se perdonaba y fue de las cosas que le motivaron a dejar ese mundo.
Lo que parecía imposible llegó con la gracia de Dios. Primero dejó las drogas. Luego el alcohol.
Ya hace justo 10 años, en 2016, se proclama un hombre totalmente nuevo, como tantas otras veces lo había dicho. Pero esa vez ganó credibilidad social por el comportamiento que comenzó a presentar de cara al público.
A esto se agregó su cada vez más cercanía a los caminos del Señor Jesús. Ya en 2008 él había grabado un álbum completo titulado “Mensajes”, con diez canciones dedicadas completamente a Dios.
A su inmensa fe atribuía salir de la fuerte adicción a las drogas. El intérprete de “Colegiala”, “Me muero por ella”, “La radio”, “Quiéreme”, “Jardín prohibido” y otros, está seguro que fue a través de la gracia de Dios y al apoyo de su familia que pudo salir su adicción a las drogas.
“Todos saben que mi vida estaba perdida en las drogas, que estuve ingresado en las mejores clínicas del país, con los mejores tratamientos y mejores psicólogos y no había pasado nada”, comentó a Listín Diario en 2023.
Sobre el alcohol en particular dijo: “Es un milagro que lo he contado, en muchas ocasiones, como testimonio de mi fe. Digo que fue un milagro grande porque dejé de tomar de un día para otro, sin pasar por el síndrome de abstinencia que provocan parar un vicio”, afirmó.
