A cuatro días del balotaje, Colombia enfrenta un panorama fiscal crítico con un déficit cercano al 7% del PIB y unas cuentas públicas en franco deterioro

A cuatro días del balotaje, Colombia enfrenta un panorama fiscal crítico con un déficit cercano al 7% del PIB y unas cuentas públicas en franco deterioro
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El próximo gobierno heredará un escenario complejo, agravado por un aumento histórico del salario mínimo que, aunque busca aliviar a los sectores más vulnerables, podría generar efectos adversos en la economía.

Por: Asbel López

Colombia acudirá a las urnas el domingo 21 de junio bajo la sombra de una potencial crisis fiscal y con dos modelos económicos antagónicos en disputa. De un lado, el senador izquierdista Iván Cepeda, vinculado a la estrategia de la llamada Paz Total; del otro, el abogado ultraderechista Abelardo de la Espriella, un outsider sin trayectoria en cargos públicos conocido por su estilo histriónico. Las propuestas son claras: inversión social y transición energética frente a libre mercado y extractivismo.

El principal desafío del próximo presidente será, coinciden diversos economistas, de naturaleza económica. «La gente va a sentir el deterioro fiscal», advierte Ana Fernanda Maiguashica, presidenta del Consejo Privado de Competitividad.

Jorge Restrepo, profesor de economía en la Universidad Javeriana, subraya la magnitud del problema: «Lo que muestran los datos es no solo un aumento considerable del gasto público frente a la tributación, sino también un incremento significativo de la deuda. A pesar de algunas operaciones de manejo, ese crecimiento no ha compensado el lento avance de los ingresos tributarios». Según el académico, el trasfondo del desequilibrio radica en el bajo crecimiento económico, insuficiente para sostener el nivel de gasto actual. «La situación fiscal es, sin lugar a dudas, crítica», concluye.

Situación fiscal crítica 

Convencido de que el gasto social debe ser el eje de la política económica, Cepeda propone profundizar las reformas impulsadas por el gobierno de Gustavo Petro en uno de los países más desiguales del mundo. De acuerdo con Restrepo, estos cambios habrían contribuido a «casi la eliminación de la pobreza extrema» en Colombia.

Desde el sector empresarial, sin embargo, surgen críticas. Diego Soler, empresario textil, califica la gestión de Petro como «antiempresa». Señala que los aranceles a los textiles pasaron del 15% al 40%, afectando la dinámica de su compañía, American Tactical. Aunque la firma logró resistir el aumento del 23% del salario mínimo sin recurrir a despidos, admite que no pudo crecer.

Sobre este incremento histórico, Restrepo advierte que el salario mínimo ya era elevado en comparación con los ingresos de la mayoría de trabajadores, y que los aumentos recientes han exacerbado el problema. «Esto ha incrementado los costos laborales, especialmente en ciudades pequeñas y zonas rurales, donde muchas empresas y empleadores encuentran difícil sostenerlos», explica. A su juicio, esta presión termina empujando a una parte de la población hacia la informalidad, donde las cargas son menores.

En el otro extremo, De la Espriella —admirador del presidente argentino Javier Milei— plantea una reducción del tamaño del Estado en un 40% y una estricta austeridad fiscal. Sin embargo, expertos cuestionan la viabilidad de estas medidas sin un respaldo mayoritario en el Congreso. «Es como un Milei sin motosierra», ironiza Restrepo, en referencia a las limitaciones políticas del candidato, quien además ha recibido el apoyo del presidente estadounidense Donald Trump.

Más allá de las propuestas económicas, Colombia llega a la segunda vuelta en un clima de profunda polarización. Según Restrepo, el país se encuentra dividido en dos grandes bloques que, aunque cuentan con apoyos significativos, desconfían profundamente el uno del otro.

«Por un lado, hay una demanda de seguridad que puede llevar a aceptar medidas extremas, capitalizada por De la Espriella. Por el otro, la propuesta de Cepeda encarna la posibilidad de transformaciones sociales profundas, incluso constitucionales, lo que también genera temor en un sector importante de la población», explica.

«Ambas opciones despiertan expectativas y, al mismo tiempo, temores en el bloque contrario: miedo a una seguridad basada en la represión o a una transformación estructural del modelo político y económico. En medio de esta tensión, un amplio sector del electorado no se siente representado por ninguna de las dos alternativas», anota. 

Ese espacio indefinido, ese centro político aún en búsqueda de referente, será decisivo. «Allí se jugará, en buena medida, el desenlace electoral», concluye Restrepo.

samantharadio

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