Afrontando el Bloqueo del estrecho de Ormuz
El bloqueo del estrecho de Ormuz, arteria vital del petróleo mundial, sacude los mercados y reaviva las preocupaciones sobre la seguridad energética. Para China, primer importador mundial de crudo, el impacto es inmediato, en un contexto en el que “el orden del comercio mundial y la seguridad energética” se ven directamente sometidos a presión
Por: RFI y por Clea Broadhurst, corresponsal de RFI en Pekín
El estrecho de Ormuz concentra una parte esencial de los flujos energéticos mundiales. Su parálisis va mucho más allá de la mera cuestión del petróleo. “En realidad, todo el mundo se ve afectado. Todos los países, sin excepción”, subraya el profesor Wang Yiwei, profesor del departamento de diplomacia de la Escuela de Relaciones Internacionales de la Universidad del Pueblo de China.
Según él, la crisis afecta tanto a los importadores como a los exportadores, y pone bajo tensión todo el sistema: “el orden del comercio mundial y la seguridad energética se enfrentan a retos importantes”.
Aumento de los costes de los seguros, perturbación de las rutas marítimas, incertidumbres para los industriales: el impacto es a la vez energético, comercial y financiero.
China en primera línea
Muy dependiente de las importaciones de hidrocarburos, China se encuentra especialmente expuesta. El Golfo sigue siendo un proveedor clave, y cualquier perturbación prolongada repercute inmediatamente en su economía. “Los países muy dependientes de las importaciones de energía, como China, se ven inevitablemente afectados”, explica Wang Yiwei. “La Ruta de la Seda también se enfrenta a importantes dificultades”, recalca.
De hecho, Oriente Medio constituye un eslabón central: “es un nodo que conecta África, Asia y Europa”, recuerda el experto. Pekín ha multiplicado allí sus inversiones, especialmente en Arabia Saudita y en los Emiratos Árabes Unidos. Pero más allá de los proyectos, lo que está en juego es la estabilidad de este espacio estratégico.
La onda de choque en la industria
China dispone de “más de 100 días de reservas estratégicas de petróleo”, lo que permite amortiguar el impacto a corto plazo. Pero esta protección tiene sus límites. “Si el bloqueo se prolonga, el impacto se transmitirá inevitablemente”, advierte Wang Yiwei.
Según él, los primeros sectores afectados son los de la fase final de la cadena de valor: “las industrias petroquímicas y los sectores relacionados con el refinado se verán muy afectados”. Situadas en el corazón del aparato productivo chino, estas industrias dependen directamente de los derivados del petróleo y del gas.
Las empresas privadas y locales, menos protegidas que los grupos públicos, están especialmente expuestas. “El impacto ya es considerable y empieza a hacerse notar”, insiste.
Una dependencia mejor controlada
Sin embargo, Pekín afronta esta crisis con más herramientas que antes. “La seguridad energética de China es ahora mucho más sólida”, asegura Wang Yiwei. La dependencia de las importaciones ha disminuido, pasando, según él, de más del 70 % a menos del 50 %.
China también ha diversificado sus fuentes de suministro y sus rutas de transporte: “Contamos tanto con rutas marítimas como terrestres, en particular a través de oleoductos”. El país se abastece ahora de diversas regiones, desde Asia Central hasta África, pasando por América Latina. A esto se suma el auge de las energías renovables, que “ha contribuido a amortiguar la situación en los últimos años”.
Prudencia con respecto a Irán
En este contexto, China se mantiene especialmente prudente con respecto a Irán, en el centro de la crisis actual. Wang Yiwei recuerda que, a pesar del anuncio de un amplio acuerdo de cooperación, las inversiones chinas allí siguen siendo limitadas: “Irán siempre ha sido una fuente de inestabilidad, y China se ha mostrado muy prudente”.
Entre las sanciones estadounidenses y la desconfianza mutua, Pekín ha concentrado sus inversiones en los países del Golfo más que en Irán.
Una crisis reveladora de los equilibrios geopolíticos
Más allá de la economía, la crisis pone de relieve las relaciones de poder en la región. “China es ante todo una potencia económica”, recuerda Wang Yiwei. “No tiene un sistema de alianzas como Estados Unidos. En este contexto, se impone un equilibrio: «la seguridad recae en Estados Unidos, mientras que la economía recae en China”.
Pero este equilibrio se ve debilitado. El experto destaca que algunas potencias regionales podrían verse tentadas a diversificar sus alianzas, en un contexto de creciente incertidumbre. Para Pekín, la respuesta sigue siendo la misma: promover el diálogo y la estabilidad. “China da prioridad a las negociaciones pacíficas, ya que es un actor económico y un inversor”, explica. Y en este complejo juego, la crisis también podría abrir nuevos márgenes de maniobra: “las crisis también pueden crear oportunidades”, recuerda Wang Yiwei.
