El apagón general, ¿se oye o no se oye?
Tribuna del Atlántico
Por: Edgar Lantigua
Fue en el acto de toma de posesión el 16 de agosto del 1986, cuando en la sede de la Asamblea Nacional, ante la queja de algunos de los presentes por la falla del sonido o de uno de los micrófonos, que el doctor Joaquín Balaguer exclamó: ¿En que quedamos, se oye o no se oye?
La expresión habría de permanecer en la memoria colectiva por años, siendo utilizada para asuntos que requerían llamar la atención e incluso para expresiones jocosas y, aunque con el tiempo ya no se use tanto, parecería necesaria ahora que la situación eléctrica nos devuelve a épocas que parecían superadas.
Tres meses, entre un apagón general y otro, nos ofrecen una instantánea, un retrato entre óleo y carbón, que pone en evidencia la fragilidad de los logros del último medio siglo.
Que entre las Chichiguas de don Julio Sauri y las culebras de Andrés Cueto, ahora ocupado en llevar agua a Santiago, tengamos un sistema tan frágil que nos regala en 3 meses, dos apagones generales de al menos 9 horas, es, como diría el poeta, para: “llorar de miedo en una casa sola”.
No creo que haya otra situación que retrate con más claridad, el drama de nuestras carencias, el perfil de nuestro lado más subdesarrollado.
Ni los decretos de noviembre, que se llevaron a los directores de la ETED y de la OPRET, ni la reorganización que han supuesto la creación de superestructuras como el Consejo Unificada de las Empresas Eléctricas Estatales, o el Ministerio de Energía y Minas, han sido suficientes para conjurar estos apagones generales que trastornan la vida, hoy que somos más dependientes que nunca antes, de los artículos eléctricos y que el país es mayoritariamente urbano, a diferencia de lo que pasaba en los 70.
No voy a explayarme en la situación actual del sector eléctrico, un handicap innegable de la actual de Gobierno, que no ha logrado acercarse a las promesas contenidas en sus programas de gobierno, ni el del 2020 ni el del 2024, las pérdidas operativas se han disparado, los apagones han vuelto a ser moneda frecuente, etc.
En vísperas de la rendición de cuentas del 27 de febrero, a estas alturas el discurso del presidente tendrá que ser modificado para referirse, aunque sea brevemente a este tema.
Luego de esta rendición de cuentas, el mandatario tendrá 2 oportunidades más de hacerlo ante un país que suele prestar atención a ese discurso, en el que siempre se procura presentar los logros de la gestión y proyectar las acciones a emprender en el año en curso.
El tiempo, se va agotando y que nadie lo dude, el fracaso en el tema eléctrico, puede ensombreser los logros que se hayan alcanzado en otras áreas.
Un gobierno que, camino a los 6 años, carga con el lastre de los casos de corrupción que han permeado la gestión, con la cantidad de dirigentes y figuras electas en su boleta, extraditados por sus vínculos al narcotráfico y el lavado de activos, no se puede dar el lujo de concluir con un sector eléctrico en fracaso.
Está claro que en esa alocución no escucharemos la pregunta, pero uno espera que en algún momento, entre el martes y el viernes o hasta el mismo lunes, el presidente haya preguntado a los zares del sector eléctrico nacional, ¿En que quedamos, se oye o no se oye? Acompañada de acciones que impliquen una verdadera mejoría del sistema eléctrico.
Ya es hora de que se oiga.
