Se abre la industria petrolera por presiones
El nuevo texto autoriza la emisión de contratos a empresas privadas para explotar, distribuir y comercializar la producción sin participación del Estado, e incluso autorizan la transferencia de sus activos a privados

Agencia AFP, Caracas, Venezuela
Venezuela aprobó el jueves la reforma a la ley petrolera que abre la industria completamente a las inversiones privadas, en línea con los intereses de Estados Unidos por operar en el país tras derrocar a Nicolás Maduro.
La Asamblea Nacional aprobó cada uno de los artículos del texto, que reforma una ley de 2006 y ahora pasa a la presidenta Delcy Rodríguez para su sanción.
«Solo cosas buenas vendrán después del sufrimiento», expresó el presidente del Parlamento y hermano de la mandataria, Jorge Rodríguez, tras la aprobación de esta ley «para la historia, para el futuro».
Delcy Rodríguez era la vicepresidenta de Maduro y asumió el poder tras la captura del mandatario izquierdista el 3 de enero en una operación estadounidense, que incluyó bombardeos a Caracas y otras regiones vecinas.
La reforma fue propuesta por la propia presidenta, que encabeza un vuelco a la histórica relación hostil con Washington.
El presidente Donald Trump ha calificado a Delcy Rodríguez de «formidable» y ha insistido en su interés por que empresas petroleras estadounidenses inviertan en Venezuela.
La nueva ley ofrece más garantías a los privados, cede el control estatal de la exploración, y menos impuestos.
«A través de la nueva ley de hidrocarburos lograremos nuevos ingresos», expresó el trabajador petroquímico Leonardo Castillo en una marcha en apoyo a Rodríguez hacia el palacio presidencial de Miraflores.
El petróleo de Venezuela está bajo un embargo que impuso Trump en 2019 durante su primer mandato.
Y la industria terminó golpeada por las sanciones, pero también por años de desinversión, corrupción y malos manejos.
Llegó a producir 1.2 millones de barriles diarios en 2025, un hito frente a los 300,000 millones extraídos en 2020, pero todavía lejos de los 3 millones alcanzados en su pico histórico a inicios de siglo.
– Fin del modelo Chávez –
Después de la operación en Caracas, Trump dijo que controlaría la comercialización del petróleo de Venezuela.
En los últimos días, de hecho, entregó al país 500 millones de dólares provenientes de ventas de crudo a precio de mercado, sin los descuentos obligados por las sanciones.
La reforma aprobada echa por tierra el modelo impulsado por Hugo Chávez, padre de la llamada Revolución Bolivariana.
La ley de Chávez en 2006 establecía un amplio control estatal sobre la industria petrolera donde los privados tenían acceso al negocio petrolero a través de un modelo de empresas mixtas con participación mayoritaria del Estado.
El nuevo texto autoriza la emisión de contratos a empresas privadas para explotar, distribuir y comercializar la producción sin participación del Estado, e incluso autorizan la transferencia de sus activos a privados.
El oficialismo en la Asamblea Nacional defiende por ejemplo el interés de que privados operen en lo que han llamado «campos verdes», yacimientos vírgenes no explorados.
– «Privatización» –
El instrumento sustituye los impuestos aplicados al sector por una única contribución de hasta 15% sobre los ingresos brutos de la actividad.
Establece igualmente regalías máximas de 30% sobre ingresos, aunque el Ejecutivo determinará los márgenes específicos en cada contrato según las condiciones del proyecto.
La nueva ley se inspira además en la Ley Antibloqueo, un instrumentó que facilito sortear sanciones con negocios acordados bajo un velo de hermetismo y que permitían ya que un privado operara un campo.
«Esto obviamente desmantela completamente el modelo petrolero de Hugo Chávez», explicó al analista petrolero Francisco Monaldi, que no obstante advirtió que las condiciones operativas siguen siendo discrecionales y potestad del Ejecutivo.
La mermada oposición en la Asamblea Nacional exigió introducir obligaciones de transparencia.
El exzar petrolero, Rafael Ramírez, denunció un «retroceso enorme» y una «privatización» de la industria, nacionalizada en 1976.
Muchos trabajadores han expresado optimismo sobre esta apertura petrolera, en medio de salarios precarios que equivalen a centavos de dólar.
«Esta reforma de hidrocarburos nos ayuda a dignificarnos, a nosotros, el motor de la producción de petróleo de Venezuela», dijo Karina Rodríguez, trabajadora de la estatal PDVSA al marchar en Caracas.
