La agonía del año 2025
LD, Santo Domingo, RD
Un creyente agradece a su Dios tanto por los gozos como por las experiencias que, incluso en lo adverso, forjan su camino.
Los dominicanos vemos evaporarse en pocas horas el año 2025, un periodo terrible en muchos aspectos, pero del que extraemos lecciones para cimentar una esperanza firme en el 2026.
El golpe más demoledor para el país fue, sin duda, el derrumbe catastrófico de Jet Set. Este hecho dejó un saldo de centenares de muertes, heridos, familias destrozadas emocionalmente y una sociedad sumida en un duelo colectivo.
La economía redujo su crecimiento a menos de la mitad del promedio anual de las últimas dos décadas.
Mientras, los servicios de educación, salud y electricidad continuaron mostrando carencias graves.
El endeudamiento público aumentó de forma sostenida, un crecimiento comparable solo con el gasto corriente en subsidios, pensiones solidarias, ayudas sociales y una empleomanía gubernamental de dudosa necesidad.
La corrupción estatal, expuesta en el Caso Senasa, reveló la cabeza de un monstruo aún no domado, a pesar de las promesas y buenas intenciones declaradas.
La violencia contra las mujeres por parte de sus parejas, los abusos policiales amparados en los viejos “intercambios de disparos” para asesinar con impunidad, y el avance del sicariato criminal tiñeron de sangre el 2025.
El tráfico de drogas marcó récords de incautaciones, mientras que las extradiciones de personajes vinculados al partidarismo oficial generaron un escándalo sin precedentes.
¿Hubo logros importantes por parte del gobierno y los sectores privados? ¡Por supuesto que sí!
Ahora es preciso redoblar esfuerzos y alentar a todos los dominicanos a trabajar con responsabilidad para que el 2026, que ya asoma en el horizonte, sea un tiempo de esperanza, paz, abundancia y bienestar general.
Esto solo será posible si los funcionarios se consagran a cumplir sus atribuciones con planificación, escuchan a la población y responden con prontitud a sus demandas.
De nada servirá, una vez más, responder a las críticas responsables sobre asuntos de interés público con una avalancha de propaganda destinada a acallar la voz ciudadana.
El 2026 debe ser un nuevo tiempo de esperanza: para que la economía recupere su ritmo habitual, para que los servidores públicos se miren en el espejo de la transparencia y para que todos los ciudadanos cumplamos con nuestros deberes.
¡Feliz año 2026, con esperanza, abundancia y paz!
